Para la conservación de quesos hay dos factores que son importantes: la temperatura y la humedad ambiental.
Ambos inciden en el proceso de curación del queso, acelerandolo si la temperatura es alta o enlenteciéndolo si es baja. Respecto a la humedad, si es excesiva favorece la aparición de moho sobre la corteza del queso o la aumenta si ya es de corteza enmohecida. Cunado la humedad es baja, favorece el secado y por tanto los quesos de pasta prensada van a secarse.
Los quesos en general no tienen fecha de caducidad, sí de consumo preferente, es decir, correspondería a la fecha en la que el queso estaría en su momento óptimo para ser degustado. Sin embargo, cada consumidor va a tener gustos distintos respecto a la curación de cada queso, lo que hace que se pueda prolongar la maduración del queso y hacerlo más ‘blando’ o más ‘seco’. Por tanto, los quesos pueden consumirse siempre, independientemente de su aspecto, podrán ser más duros o tener motas de hongos, pero nunca será toxico como pude suceder con otros productos. La temperatura óptima para la conservación de los quesos suele ser alrededor de 3-4ºC (parte alta de la nevera) envueltos en papel parafinado especial para alimentos y sacarlos para que adquieran la temperatura ambiente media hora antes de consumirlo. Los quesos frescos al tener más contenido de agua, se favorece el crecimiento hongos y tienen menos conservación, pasada la fecha de consumición preferente, su sabor va a ser más fuerte. Los quesos de pasta prensada y en caso de piezas más grandes, pueden conservarse en casa sumergidos en aceite de oliva con hierbas aromáticas, según el gusto de cada consumidor. |